
que la noche se inundara de luces y colores,
de los abrazos repartidos generosamente,
de los deseos verbalizados,
de ese instante donde todo parece empezar de nuevo,
después,
suelto las certezas,
lanzo las cartas al mar,
dejo los pendientes,
me alejo de las fórmulas aprehendidas,
me abro a los regalos inesperados,
a los silencios con voces,
a las letras susurradas,
a la visibilidad de lo desconocido.
Esta vez no barajo las cartas.
Estoy clara que, desde la noche del nuevo año, todo puede suceder.









